Notas del Sur de la Frontera

cows resting in shade of tree

Esta sección contiene material escrito para el "UC BEE", un boletín mensual para los empleados y voluntarios del Jardín Botánico de la Universidad de California, Berkeley. Trata de nuestras actividades botánicas en Baja California, a partir de octubre de 2012.

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FEBRERO 2014 - BEE


3 diciembre, 2013 - Bahía Concepción

Las cosas que hago por el amor de las plantas. Un amigo nos invitó a salir en su catamarán a la Isla Coyote, una isla pequeña en la Bahía Concepción. Originalmente nos conocimos durante una de mis caminatas de plantas y ahora cada vez que nos encontramos en el pueblo me cuenta de las plantas nuevas e interesantes que ha visto durante sus caminatas por el monte y me pregunta sobre sus nombres y propiedades. Me dijo que había visto algunas plantas muy diferentes en la Isla Coyote, que estaba muy verde después de las lluvias del verano, y que me gustaría llevar al verlas muy pronto. Nunca habiendo ido a la isla y siempre habiendo querido ir, con muchas ganas recibimos su invitación. No queríamos perder una oportunidad que tal vez no nos hubiera presentado jamás.

Debido al tiempo muy ventoso, tuvimos que cancelar varias veces, pero por fin escogimos un día muy bonito y perfecto, es decir para ver las plantas, no para navegar (no me importaba porque prefiero estudiar las plantas cualquier día). Porque no hubo ni una brisa usamos el motor para llegar a la isla. La bahía fue como un espejo, el cielo un poco tapado y a las 8 de la mañana la temperatura estaba muy a gusto. El mar y el cielo estaban tan bonitos y nuestro tiempo sobre el agua mientras cruzabamos la bahía fue muy tranquilo, aún con sonido del motor pequeño.

Vista de la Playa El Coyote y la Isla Coyote, que parece la última punta a la derecha del imagen.

Salimos de la Playa El Burro hacia la isla. Hacia calor y muy tranquilo y perfecto para nadar.

 

Pasando la punta y acercando a la playa en el lado norteño.

 

Aceramos a la playa. Hay zacate en la duna y un salitral entre ella y los pendientes que suben a unos 15 o 20 metros.

En el mapa, la Isla Coyote se ubica en el centro del rectángulo. Imagen del Internet.

Isla Coyote está casí en el centro del imagen, alrededor de un kilómeter de la orilla de la Bahía.

 

La isla es formada por rocas volcánicas de varias consistencias. Tiene bastante vegetación, salvo en los vertientes más verticales. Derecho, la playa, y el collado sobre ella.

La comunidad de dunas con los pendientes escarpados que suben de repente del agua.

Cuando llegamos a la isla y bajamos, primeramente al bote y entonces a la orilla, las nubes empezaban a desaparecerse y la temperatura y humedad a subir. Las nubes de zancudos que nos dieron la bienvenida fueron muy feroces.

Desembarcamos en la orilla norteña de la isla, donde hay una playa con arena blanca en forma de media luna, y atrás de ella está un salitral con las plantas típicas del hábitat: chamizos, frutilla, zacate salado, y verdolaga de la playa (Allenrolfea occidentalis y Suaeda nigra, Lycium brevipes, Sporobolus virginicus, y Sesuvium portulacastrum). Vagaba un poco, revisando el área, aplastando los zancudos, y aplicando repelente mientras notaba la vegetación. Sin embargo, cuando miré a los pendientes atrás del salitral, mi primera reacción fue "jamás que puedo subir eso." La verdad es que puedo subir bien, pero es el bajar que me da más problemas y el miedo de resbalar y deslizar o caerme del pendiente al bajar.

En contra de mi buen juicio, escuchaba a mi amigo mientras me aseguraba que hubo un sendero bastante fácil para subir y que no tendría ningún problema. "Claro...'" me dije con tono sarcástico. Podía ver que no entendía muy bien los límites físicos que tengo. Por otra mano, allí estábamos en el medio de la bahía en una isla que siempre había querido visitar, el día fue perfecto, sin viento, e ¿iba a rendirme ahorita? Pueees, en nombre de la botánica...¡vámonos!

Intentó varias veces subir solo, buscando un buen sendero a través del follaje muy denso. Después de unos 10 minutos finalmente decidió en el sendero mejor, uno que atravesaba el risco a un ángulo en vez de subir directamente arriba. ¿Qué pienso? me pregunté, no por la última vez, al partir hacia la subida atrás de mi amigo, mi bastón en una mano, la cámara y agua en una mochila. "Debo de estar loca", murmuré.

Una buena vista de la superficie suelta de un arrecife rocoso. Al menos aquí no batallamos con los arbustos espinosos o pegajosos que nos atacaban en otras partes. Solamente las piedras sueltas...

 

Al subir, y después al bajar, me sentía una conexión muy básica con las plantas como ésa que están aferradas a las rocas y la vida. Una Matacora hermosa (Jatropha cuneata, Euphorbiaceae).

 

Drymaria debilis (Caryophyllaceae), una anual endémica muy delicada, prefiere los nichos sombreados en los arrecifes rocosos y fondos de los cañones.

 

En el último saliente antes de la cima.

A un poco más de la mitad de la subida. La vegetación estaba tan densa en algunos lugares que temía que me íban a empujar del risco.

 

Pega pega (Eucnide aurea, Loasaceae), una planta endémica, pega muy bien a muchas cosas, aunque es más espinosa que su prima Pegaropa (Mentzelia adhaerens, también endémica), que no es epinosa pero pega a todo, ¡inclusive a la piel!

 

Las flores de Drymaria debilis apenas alcanzan las 4 o 5 mm de diámetro y cada pétalo está partida en dos. Los tallos y las hojas están ligeramente glandulosas y pubescentes, muchas veces con encrustaciones de detrito.

 

Muy alto, pero una vista fantástica.

Después de 30 tantos minutos llegamos finalmente al collado de la isla, con algunas paradas para revisar y cambiar la ruta. Aproveché de estas paradas para respirar, quitar las plantas de mi cabello, cuerpo, y calcetines, descansar los músculos temblorosos y tensos, tomar fotos y suero y admirar la vista tan increíble. ¿Ya mencioné que tengo un problemita con las alturas? Parada en el pendiente de la isla sabía que definitivamente era una botánica obsesionada.

Todavía nos falta un poco para llegar.

En un área más plana cerca de la cima del collado.

La densidad de las plantas en algunos lugares en el collado me sorprendió mucho. Los arbustos estaban llenos de hojas y hubo una capa densa de hierbas en el suelo en varios lugares entre los arbustos y árboles. La planta dominante era Matacora (Jatropha cuneata, foto arriba a la derecha, en primer plano).

Palo Adán (Fouquieria burragei, Fouquieriaceae). Algunas de estas flores blancas apenas es teñidas de rosada.

 

Fagonia barclayana (Zygophyllaceae), una planta endémica. Esta perenne, baja, abiertamente ramificada y espinosa es bien adaptada para vivir en el desierto.

 

Los árboles y arbustos en el collado fueron muy bajos y redondos. Hay lugares muy densos y otros muy abiertos.

 

Marina vetula (Fabaceae), una hierba anual muy delicada. Prefiere lugares abiertos y rocosos como en el collado.

Una versión de Palo Adán con flores rosadas (Fouquieria burragei, Fouquieriaceae).

 

Las espinas son las cuatro estípulas en cada nodo. Generalmente son bastante cortas (de 2 a 4 mm), pero éstas eran de 7 a 8 mm y muy rígidas. Todas las partes menos las pétalos son glandulares o peludas.

 

El lado meridional de la isla ofrece una vista muy hermosa y un pendiente vertical hasta la bahía. Pitahaya agria (Stenocereus gummosus).

 

Las inflorescencias miden entre 5 y 8 cm de largo y son erectas o colgantes. Las flores son labiadas, diminutas (cerca de 3 a 5 mm de largo), y de color lavanda o azul claro.

Las plantas en el collado muestran un efecto muy distinto de ser podadas por el viento, vientos muy recios que provienen del norte en el otoño y invierno, y desde el sur durante la otra parte del año. Los arbustos y árboles, inclusive los Palo Adán, Dipúa (Parkinsonia microphylla), Torote (Bursera hindsiana) y Brongniartia peninsularis (Fabaceae, una endémica a BCS) no alcanzan más de 1.5 m y están muy redondos. En la ladera bajo del collado, la Brongniartia y el Palo Adán estaban al menos dos veces más altas y rectas, como su forma más común en los arroyos y llanos.

Caminábamos un poco a través del collado mientras se relajaban los músculos suficientemente para bajar. Sin embargo, justo antes de empezar a bajar, choqué con una cholla que estaba escondida bajo una Matacora. De repente, tuve 3 segmentos en mi rodilla y espinilla. Casi nunca siento pánico bajo una situación así, y con calma bajé la mochila, recogí mis tijeritas, y utilizando su tenedor de jardinería, quité los tallos. Cuando regresó mi amigo con dos piedras planas para ayudarme (como pinzas), ya había sacado a mano las últimas de las espinas largas de mi pierna y estaba lista para bajar antes de que empezara a dolerme.

A pesar de mis dudas sobre la dificultad del descenso, mi amigo encontró una ruta mucho más corta y más fácil que la subida. Básicamente bajamos algunos escaleras en la roca, o en mi caso me sentaba y bajaba. Entonces no hubo problemas de deslizar ni resbalar demasiado rápido. En poco tiempo, habíamos llegado a la playa y me alegraba mucho estar de nuevo al nivel del mar, pero también me alegraba mucho que después de todo hubiera enfrentado ese reto. Ya con mucho calor y sudor, con la temperatura aún más alta, y los zancudos empezando a buscar el lonche, decidimos meternos en la bahía antes de despedirnos de la isla.

Por un rato íbamos a la deriva, con nuestro amigo remando de vez en cuando, disfrutando la calma del agua, los reflejos y las nubes maravillosas. Antes de regresar a la orilla de la bahía, él arrancó el motor otra vez y matamos el tiempo en el lado oeste de la isla, pasando algunos islotes que tenían mucha vegetación encima de sus superficies rocosas. Nunca deja de asombrarme cuánta vegetación se encuentra en las islas y como pueden sobrevivir las plantas a solo unos metros sobre la bahía y la espuma del mar. Que día tan bonito en la bahía y en la Isla Coyote. Nos divertimos mucho, mi pierna no estaba mal, y mientras me dolía todo el cuerpo por algunos días después, valía mucho la pena.

 

 

Durante nuestra caminata, no hubo oportunidad para hacer anotaciones en mi cuadernito, y por eso a lo largo del sendero yo quitaba piezas de cada planta que vi, una hoja aquí o un fruto allá, y los metía en una bolsa atada a la cintura. En casa, después de revisar todas las plantas y mis fotos, tuve una lista de 61 especies en 23 familias. La única planta que no reconocí fue una especie de chupones (Cuscuta sp., Convolvulaceae) que crecía encima de una agrupación densa de Frijolitos (Phaseolus filiformis, Fabaceae).

Pues, es todo por el momento, pero regresen pronto. Tengo más para compartir dentro de unas 2 semanas. ¡Hasta pronto!

— Debra Valov, voluntaria curatorial

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